El Barrio Antiguo es el trazo que sobrevivió cuando Monterrey demolió su centro para abrir la Macroplaza. De noche es la zona de los bares; de día, es otra cosa por completo. Aquí van diecisiete planes que casi ningún visitante descubre.
Conocer la Casa de los Títeres
En la calle Padre Jardón hay un museo dedicado a los títeres, con decenas de marionetas de los cinco continentes y un pequeño teatro donde se montan funciones de sombras, guante y teatro negro. Es de los museos más singulares —y menos conocidos— de Monterrey.
Entrar al Museo Estatal de Culturas Populares
En Abasolo esquina con Mina, ocupa una de las casas más antiguas de la ciudad, que durante décadas fue sede de la Liga de Comunidades Agrarias de Nuevo León. El edificio cuenta tanto como su colección.
Ver un concierto en el Café Iguana
Sobre Diego de Montemayor está uno de los templos de la música en vivo de Monterrey: un foro clásico para el ska, el rock y lo alternativo. Más que un bar, es una institución de la escena regiomontana.
Buscar la Capilla de los Dulces Nombres
Una capilla del siglo XIX casi escondida entre las calles del barrio. Es exactamente el tipo de lugar frente al que pasas sin notarlo, y que cambia la caminata cuando lo encuentras.
Ir un domingo al Corredor del Arte de la calle Mina
Los domingos, cuatro cuadras de la calle Mina se convierten en un mercado al aire libre donde decenas de artistas, artesanos y anticuarios sacan sus curiosidades. Es el barrio en su versión más viva y diurna.
Visitar la Pinacoteca de Nuevo León
A pasos del barrio, en el Colegio Civil, la Pinacoteca reúne más de 1,700 obras del patrimonio visual del estado desde 1990. Es gratuita y casi siempre vacía: el secreto mejor guardado del arte regio.
Recorrer las galerías independientes
Galería Regía, La Galería Café y el Centro Cultural Barrio Antiguo mantienen viva la vena artística de la zona con exposiciones temporales, salas de video y venta de obra. Cambian seguido; vale la pena asomarse sin plan.
Leer las casonas de sillar
Las fachadas del barrio son de sillar, la piedra arenisca que se cortaba de los cerros cercanos. Muchas conservan placas, fechas y zaguanes de los siglos XVIII y XIX. Caminar mirando hacia arriba es media visita.
Caminar la calle Diego de Montemayor
Lleva el nombre del fundador de Monterrey, que estableció la ciudad en 1596. Pocas calles cuentan tanta historia con solo su nombre, y es de las más bonitas para recorrer a pie.
Cazar el arte urbano del barrio
Entre las casonas históricas conviven murales y arte callejero contemporáneo. El contraste entre el sillar de tres siglos y la pintura reciente es uno de los rasgos más fotografiables —y menos buscados— de la zona.
Tomar café de especialidad entre semana
Lejos del bullicio de la noche, el barrio tiene una capa de cafés de especialidad que funcionan mejor de día. Es el mejor momento para trabajar, leer o simplemente ver pasar el empedrado.
Hurgar en los anticuarios
Más allá del tianguis dominical, hay anticuarios fijos donde aparecen muebles, discos, fotografías y objetos con historia. Es uno de los pocos lugares de Monterrey donde la búsqueda misma es el plan.
Cenar en una casona del siglo XVIII
Varios restaurantes ocupan casonas históricas con patios interiores. Cenar bajo un techo de sillar de doscientos años, al aire libre, es una experiencia distinta a cualquier terraza moderna de la ciudad.
Comparar el barrio de día y de noche
El mejor "truco" es visitarlo dos veces: la mañana de un domingo, tranquila y cultural, y la noche de un sábado, con música y bares. Es literalmente el mismo lugar viviéndose de dos formas opuestas.
Rastrear el origen de la vida nocturna regia
La movida nocturna del barrio nació a finales de los noventa con lugares como el Bar Río, hoy parte de la mitología local. Saber de dónde viene la noche regiomontana le da otra textura a una cerveza en el barrio.
Combinarlo con la Macroplaza, a una cuadra
El barrio empieza a una sola cuadra de la Catedral, en el extremo sur de la Macroplaza. Recorrer la plaza monumental de tarde y cruzar al barrio al anochecer es la forma más eficiente de ver el centro completo.
Dejar tiempo para perderse
El Barrio Antiguo no es grande, pero recompensa lo que ningún itinerario incluye: doblar en la calle equivocada. La mayoría lo cruza en línea recta hacia un bar; la gracia está en lo que hay entre las líneas rectas.
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El barrio es la puerta de entrada
El Barrio Antiguo es solo una zona de Monterrey. El resto de la ciudad —por zonas, por presupuesto y por tipo de día— está mapeado en Qué Hacer.
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