La nueva línea hacia el norte abre al servicio de carga y pasajeros. La estación, situada al oriente del centro, vuelve a la ciudad un punto de paso obligado para el comercio entre el Bajío y los Estados Unidos.
La concesión fue otorgada en 1881 a un consorcio mexicano-estadounidense. La construcción avanzó rápido: 250 kilómetros entre Monterrey y Nuevo Laredo en poco más de un año, con cuadrillas que trabajaron simultáneamente desde ambos extremos. La conexión con la red ferroviaria de Texas ofrece, por primera vez, una ruta de carga directa entre el centro de México y los puertos del golfo norteamericano.
El efecto es inmediato. Lana, mineral y reses que antes salían a lomo de mula por caminos accidentados pueden ahora moverse en horas. Maquinaria que antes era inalcanzable empieza a llegar por la misma vía: tornos, vapor, cemento Portland. La Cervecería Cuauhtémoc — fundada en 1890 — y la Compañía de Fundición de Fierro y Acero — la futura Fundidora — se establecerán al sur del centro precisamente porque el ferrocarril hace viable abastecerlas.
El centro colonial, antes el único barrio de la ciudad, empieza a sentir presión. Las nuevas industrias atraen mano de obra, las familias pudientes quieren residencias más amplias, los carruajes ya no caben en las calles trazadas en 1596. Para 1900 la ciudad habrá triplicado su población. El Barrio Antiguo no nace en este momento, pero el resto de Monterrey empieza a nacer al rededor.
La concesión fue otorgada en 1881 a un consorcio mexicano-estadounidense.
Fuentes
- Vizcaya Canales, Isidro. Los orígenes de la industrialización de Monterrey. ITESM, 2001.